lunes, 30 de enero de 2012

003 - LA VOZ DEL SEÑOR - NÚMEROS 1 AL 5 DE 2012

(En esta entrada publicamos los números correspondientes al presente mes de enero)

Arzobispado de Buenos Aires y toda Argentina
Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa de Antioquia

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Boletín dominical correspondiente al domingo 1 de enero de 2012

Solemne conmemoración de la Circuncisión en la carne de
Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo

Manos en el Arado cumple un año
Palabras de agradecimiento de Monseñor Siluan a aquellos que decidieron poner las “manos en el arado”
Para acompañar la obra de nuestra Iglesia en todo el país

Queridos y estimados hijos
Benefactores del proyecto solidario “Manos en el Arado”

De mi mayor consideración,
Por la presente, quiero saludar a todos y a cada uno de ustedes en la fiesta de Navidad, y agradecerles por la benevolencia que manifiestan al colaborar con la obra de nuestra Iglesia a través de su aporte mensual por medio del proyecto solidario arquidiocesano “Manos en el Arado”.
Hoy cumplimos un año desde el lanzamiento de este proyecto y de la adhesión del primer núcleo de benefactores. Hasta fines de agosto del 2011, se observaba un trabajo de hormigas en nuestras iglesias: personas que entendieron la importancia del proyecto empezaron a informar e invitar a sus propias familias y amigos a participar del mismo. Ese primer núcleo se formó con mucha discreción, y se caracteriza por la firme convicción de que hay que poner “las manos en el arado”, y no quedarse observando desde afuera.
Por ello, doble mérito tienen estos primeros evangelizadores del proyecto, por haber participado y haber invitado a otros a participar de la obra de la Iglesia.
En el XIV Congreso General Arquidiocesano, realizado en Mendoza (del 2 al 4 de septiembre de 2011), hemos presentado los balances correspondientes con un informe de todo lo realizado hasta ese momento. Con la colaboración mensual de los 85 adherentes hasta fines de agosto, logramos financiar cuatro proyectos importantes:
En primer lugar, el IIIer E.N.A.C.O. (Encuentro Nacional Arquidiocesano de Catequistas Ortodoxos), realizado los días 24 al 27 de marzo, en Santiago del Estero, al que asistieron casi 60 participantes de todas las parroquias en Argentina;
También, la tercera edición del libro de oraciones diarias “El Consuelo Espiritual”;
También, la financiación en participar del SENAC (Seminario Nacional de Catequesis) los días 18 al 20 de septiembre, realizado por la Iglesia Católica Romana en Córdoba.
Y por último, la publicación del texto de la “Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo – Guía para los fieles”, texto que fue repartido gratuitamente en todas las parroquias de Argentina, para el uso de los fieles.
El punto de inflexión fue sin lugar a dudas el XIV Congreso General. “Manos en el Arado”, proyecto que hasta esa fecha venía creciendo por el trabajo de algunas personas en forma individual, se vuelve, a los ojos de los participantes, en una herramienta valiosa para el sostén de todos los proyectos de nuestra Iglesia. Por ello, decidieron darle al proyecto su propio aval institucional, tarea a la que cada comisión directiva asignó personas a cargo de seguir la difusión del mismo y la búsqueda de nuevos adherentes.
Este mismo XIV Congreso emitió una resolución dirigida a todos los adherentes del proyecto, que fue publicada oportunamente en el boletín dominical “La Voz del Señor” de nuestra Iglesia, y que adjuntamos a nuestra carta. A los primeros 85 adherentes se resolvió entregarles una copia del libro publicado “Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo – Guía para los fieles”, en signo de agradecimiento.
Con este nuevo entusiasmo, llegamos a fin de este año con casi 150 adherentes, en un crecimiento del 44% en solo tres meses. Cabe señalar también que a raíz del compromiso de las instituciones laicas, muchas de los primeros adherentes subieron el monto de la cuota mensual que aportaban hasta entonces.
Tengo la plena confianza que con este proyecto podemos interesar e incentivar a más personas, que hasta ahora no conocen el proyecto o no han tenido una clara visión de su importancia, y que el aporte que podrán brindar a la Iglesia a través del mismo, servirá para que los que trabajan en la Iglesia puedan llevar a cabo la misión que realicen, y poder proyectar crecer mucho más. En este sentido, ustedes tienen un gran rol evangelizador: dar un testimonio e invitar a otros, en el seno de sus propias familias, entre sus familiares y amigos, para que puedan tener un espacio para colaborar con ustedes, y formar parte de esta familia de adherentes que caminan “en pos de San Jorge”.
Ruego que el Señor los bendiga, y me despido deseándoles: ¡Feliz navidad y bendito Año Nuevo!

+ Metropolita Siluan


Tropario de la Resurrección (Tono 4)

Las discípulas del Señor aprendieron del Ángel el anuncio alegre de la Resurrección: la sentencia ancestral rechazaron, y se dirigieron con orgullo a los apóstoles diciendo: “¡Fue aprisionada la muerte, resucitó Cristo Dios y concedió al mundo la gran misericordia!

Tropario de la Circuncisión (Tono 1)

¡Oh Señor, Tú que eres de mucha Compasión!, siendo Dios según la esencia, tomaste la forma humana sin sufrir cambio alguno; y habiendo cumplido la Ley; por Tu propia Voluntad aceptaste la circuncisión en la carne, para anular las señales oscuras y quitar el velo de nuestras pasiones. ¡Gloria a Tu Bondad, gloria a Tu Compasión, gloria a Tu Indescriptible Condescendencia, Verbo!

Tropario de San Basilio el Grande (Tono 1)

En toda la tierra que recibió tus palabras, apareció la melodía de tus enseñanzas, Oh venerable padre; por medio de la cual educaste como es digno de Dios; revelaste la naturaleza de las criaturas y formaste el carácter de los hombres; ¡Oh poseedor del Sacerdocio Real, Basilio! Suplica a Cristo Dios por la salvación de nuestras almas.

Kontakion (Tono 3)

Como es Bondadoso, el Señor de todos, soportando la circuncisión, circuncida las transgresiones de los hombres y otorga la salvación al mundo. Por esto, se regocija en lo alto, el revestido de la luz y el jefe de los sacerdotes de Dios; es decir Basilio, el predicador divino de Cristo.

Carta a los Colosenses (2:8-12)

Hermanos, miren que nadie los esclavice mediante la vana falacia de una filosofía, fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo. Porque en Él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, y ustedes alcanzan la plenitud en Él, que es la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad; en Él también fueron circuncidados no con la circuncisión quirúrgica, sino mediante el despojo de su cuerpo mortal, por la circuncisión de Cristo. Sepultados con Él en el Bautismo, con Él también han resucitado por la fe en la fuerza de Dios, que Lo resucitó de entre los muertos.

Santo Evangelio según San Lucas (2:20-21, 40-52)

En aquél tiempo, los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al Niño, se Le dio el nombre de Jesús, el que Le dio el Ángel antes de ser concebido en el seno. El Niño crecía y se fortalecía, llenán¬dose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él. Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron como de costumbre a la fiesta y, al volverse ellos, pasados los días, el Niño Jesús se quedó en Je¬rusalén, sin que lo supiesen Su Madre y José. Pero creyendo que estaría en la ca¬ravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los pa¬rientes y conocidos; pero al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Tem¬plo sentado en medio de los maes¬tros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían esta¬ban estupefactos por Su inteligencia y Sus respuestas. Cuando le vie¬ron, quedaron sorprendidos, y Su Madre le dijo: “Hijo, ¿Por qué nos has hecho esto? He aquí, Tu padre y yo, angustiados, Te andábamos bus¬cando.” Él les dijo: “¿Por qué me buscaban? ¿No saben que yo debo estar en lo de mi Padre?” Pero ellos no comprendieron las palabras que les dijo. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos; y Su Madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

¿Qué conmemoramos hoy?
La circuncisión de Jesucristo

En el octavo día después de su nacimiento, Nuestro Señor Jesucristo fue circuncidado de acuerdo con la Ley del Antiguo Testamento. Todos los niños varones se sometían a la circuncisión como un signo de la alianza de Dios con Abraham y sus descendientes (Gen 17:10-14, Lev 12:3).
Después de este ritual, el Divino Niño recibió el nombre de Jesús, como el Arcángel Gabriel lo había declarado el día de la Anunciación a la Santísima Madre de Dios (Lc 1:31-33, 2:21). Los Padres de la Iglesia explican que el Señor, el Creador de la Ley, se sometió a la circuncisión con el fin de dar a la gente un ejemplo de cómo fielmente las ordenanzas divinas deben ser cumplidas. El Señor fue circuncidado para que después nadie dudara de que él había asumido realmente la carne humana, y que la Encarnación no era simplemente una ilusión, como algunos herejes (como por ejemplo el docetismo) enseñó.
En el Nuevo Testamento, el ritual de la circuncisión dio paso al misterio del bautismo, que el mismo prefiguraba (Col 2:11-12). La Fiesta de la Circuncisión del Señor comenzó a ser celebrada en la Iglesia de Oriente desde el siglo IV. El Canon de la fiesta fue escrito por San Esteban del monasterio de San Sava (28 de octubre y 13 de julio).
Además de la circuncisión, que el Señor aceptó como un signo de la alianza de Dios con la humanidad, Él también recibió el nombre de Jesús (que significa Salvador) en el octavo día después de su Natividad como una indicación de su servicio, la obra de la salvación del mundo (Mt 1:21, Mc 9:38-39, 16:17, Lc 10:17, Hec 3:06, 16; Fil 2:9-10). Estos dos acontecimientos, la Circuncisión del Señor y el hecho de recibir un nombre, recuerdan a los cristianos que han entrado en una nueva alianza con Dios y “son circuncidados con circuncisión no hecha por mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso, en la circuncisión de Cristo” (Col 2:11). El mismo nombre “cristiano” es una señal de entrada de la humanidad en un Nuevo Pacto con Dios.

La Divina Liturgia (I)
Explicando la Liturgia semana a semana

A partir de esta semana, y durante todo este año 2012, dedicaremos una parte de nuestro boletín a una simple explicación de la Divina Liturgia con el fin de aclarar ciertos términos, movimientos y oraciones y así contribuir a una celebración más vivida de parte de cada uno de nosotros. Para esto utilizaremos algunas enseñanzas de un sacerdote ortodoxo llamado Thomas Hopko, otras enseñanzas de Padre Alexander Schmemann y los comentarios a la Liturgia que consideremos necesarios.
Para empezar con esta labor, es importante saber que en la Iglesia Ortodoxa siempre utilizamos la palabra “Liturgia” en lugar de la palabra “Misa”. Este término, de origen griego, significa simplemente “obra en común” o “acción en común”. La Divina Liturgia es la obra común de la Iglesia Ortodoxa. Es la acción común de la Iglesia formalmente reunida como pueblo escogido de Dios. La palabra “Iglesia” significa reunión o asamblea de personas elegidas y llamadas aparte para realizar una tarea en particular.
La Divina Liturgia, entonces, es la acción común de los cristianos ortodoxos que se reúnen para constituir oficialmente la Iglesia Ortodoxa. Es la acción de la Iglesia, reunida por Dios para estar juntos en una comunidad y así adorar, orar, cantar, escuchar la Palabra de Dios, ser instruidos en los mandamientos de Dios, que se ofrecen con acciones de gracias en Cristo a Dios y Padre, y tener la experiencia viva del reino eterno de Dios a través de la comunión del mismo Cristo que está presente en su pueblo por el Espíritu Santo.
La Divina Liturgia la realizan siempre los cristianos ortodoxos en el Día del Señor, que es el domingo, “el día después del sábado”, que es un símbolo del primer día de la creación y del “último día”, como se le llama en la Santa Tradición, el octavo día del Reino de Dios. Este es el día de la resurrección de Cristo de entre los muertos, el día del juicio de Dios y la victoria anunciado por los profetas, el “Día del Señor”, que inaugura la presencia y el poder de “el reino por venir” ahora, ya, dentro de la vida de este presente mundo.
La Divina Liturgia es también celebrada por la Iglesia en los días especiales de fiesta. Por lo general se celebra cada día en los monasterios, y en algunas grandes catedrales e iglesias parroquiales, con la excepción de los días de la semana de la Gran Cuaresma, cuando no se la celebra, debido a su carácter pascual.
Como acción común del Pueblo de Dios, todos los miembros de la Iglesia deben estar reunidos con su pastor en un solo lugar al mismo tiempo. Esto incluye también a los niños pequeños y a los bebés que participan plenamente en la comunión desde el día de su entrada en la Iglesia por medio del bautismo y la crismación. Siempre juntos: esta es la expresión tradicional de la Iglesia Ortodoxa en la Divina Liturgia.
Debido a su carácter comunitario, la Divina Liturgia no puede ser celebrada en privado por el clero solamente. Nunca puede ser celebrada sólo para algunos y no para otros, sino siempre para todos. Nunca se puede servir sólo para algunos fines privados o por alguna intención específica o exclusiva. Por lo general se dicen peticiones especiales en la Divina Liturgia por los enfermos y difuntos, o para algunos propósitos muy particulares o inclusive por ciertos proyectos, pero nunca hay una liturgia que se haga exclusivamente para particulares o para alcanzar objetivos o intenciones aisladas. La Divina Liturgia es siempre “en nombre de todos y para todos”.
La Divina Liturgia tampoco es un acto de piedad personal. No es un oficio de oración personal. No es simplemente uno de los sacramentos. La Divina Liturgia es el único sacramento común de la esencia misma de la Iglesia. Es la manifestación sacramental de la esencia de la Iglesia como la comunidad de Dios en el cielo y en la tierra. Es la única revelación sacramental de la Iglesia como Cuerpo místico y Esposa de Cristo.

Continúa la semana próxima

Oración por el nuevo año

Al iniciarse un nuevo año, queremos desde nuestro Boletín enviarles nuestros mejores augurios a todas aquellas personas que semana a semana nos acompañan, nos corrigen y nos hacen mejores. Quiera Dios que este nuevo año sea un tiempo de bendición, de crecimiento y de búsqueda de Dios. Por ello solo quisiéramos pronunciar la oración que nuestra Iglesia tiene al iniciarse un nuevo año: “Señor, Dios nuestro, que por Tu soberanía estableciste los tiempos y las temporadas; que eres Eterno y permaneces para siempre; el que existe en Si Mismo, sin cambio ni alteración. Tú que perfeccionas todas las cosas, que nos has hecho, por la compasión de Tu indescriptible Misericordia, dignos en llegar al inicio de este nuevo año. Tú, Soberano Bondadoso, bendice por Tu Divina Gracia este año, y hazlo un año bueno disponiendo en cada estación de la abundancia de los frutos de la tierra y la regularidad de los aires. Otórganos pasar el año venidero, en paz y concordancia, siendo adornados con las coronas de las virtudes, andando en la luz de Tus Mandamientos como hijos del día. Conserva en la paz a Tu Iglesia, apoya con Tu Poder a nuestros gobernantes y otórgales una paz firme e inconmovible. Educa a los jóvenes, fortalece a los ancianos, une a los dispersos, vuelve a los extraviados y júntalos a Tu Santa Iglesia Católica y Apostólica. Vierte sobre todos Tu Bondad, Piedad y paz, y haznos dignos que con una sola boca y un solo corazón Te glorifiquemos y Te alabemos a Ti, el Dios Trino en Personas, el Eterno y el Bendito por los siglos de los siglos. Amén”.

Palabras de Esperanza

“Oh Jóvenes, nosotros, los cristianos tendemos con nuestra esperanza más lejos que este mundo; realizamos todas nuestras acciones con miras a conseguir otra vida. En consecuencia, cuanto nos puede ser útil para alcanzar esa vida, afirmamos que debe ser apreciado y procurado con todas nuestras fuerzas; y lo que a ella no nos lleva, despreciarlo como algo sin valor alguno”.

San Basilio el Grande, Discurso a los jóvenes




Boletín dominical correspondiente al domingo 8 de enero de 2012

Domingo posterior a la fiesta de la Epifanía

Jesús
Simples Miradas hacia el Salvador

El Padre Lev Gillet es un gran personaje espiritual del siglo XX. Nacido en 1893 en Francia de padres devotos católicos. Estudió filosofía en la Universidad de Grenoble. Fue movilizado durante la Primera Guerra Mundial y hecho prisionero en 1914. Pasó tres años en cautiverio, donde fue atraído por el espíritu y la espiritualidad de los prisioneros ortodoxos rusos. Estudió matemáticas y psicología en Ginebra y se unió a los benedictinos de Clairvaux en 1919. Atraído por el mundo cristiano oriental, entró en contacto con Andreas Szeptycki, Metropolita de la Iglesia Ucraniana Católica Griega en Galicia, y pronunció sus votos perpetuos en el monasterio Estudita de Ouniov en Galicia.
Decepcionado por la actitud de la Iglesia Católica Romana para con la Iglesia Ortodoxa, el padre Lev se puso en contacto con la Iglesia Ortodoxa en Niza y París. Fue recibido en la Iglesia Ortodoxa por el obispo Eulogio, jefe de la Iglesia Rusa en Europa occidental, en París, en mayo de 1928, donde se hizo cargo de la primera parroquia de habla francesa. En 1938 abandonó París para instalarse en Londres y trabajó, en el marco de la Comunidad de San Albano y San Sergio. Allí permaneció hasta su muerte en 1980.
Realizó muchos viajes al extranjero, en particular a Francia, Suiza y el Líbano, donde participó en el renacimiento espiritual del Patriarcado de Antioquía en el marco del Movimiento de la Juventud Ortodoxa. Tiene muchas publicaciones en francés (bajo el seudónimo de “un monje de la Iglesia de Oriente”) las cuales se encuentran traducidas en varios idiomas, tal como “La oración de Jesús”, “Introducción a la espiritualidad ortodoxa”, “El año de gracia del Señor”, etc.
Presentamos en nuestro boletín una traducción de su libro en francés “Jesús - Simples Miradas hacia el Salvador”, donde él ofrece sus meditaciones sobre varios temas del Evangelio, las que pueden ayudarnos a entender mejor la Palabra de Dios y vivirla personalmente.

A Ti, Señor

A Ti, Señor, consagro humildemente estos pensamientos que maduraron a lo largo de tantos años sobre el mismo camino por el que marchaste durante los días de Tu vida terrestre, en la misma ciudad dónde sufriste. Son el fruto de Jerusalén y del mar de Galilea, y el fruto de casi toda una vida.
¿Por qué agregar una gota de agua a este océano de libros que hablan de Ti? Osaré decir con simplicidad: es porque he creído que a mí también me decías que hable de Ti. “Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales…” (Mc 5:19). Y el poseído que curaste, en la tierra de los Gadarenos, se fue y empezó a proclamar cuán grandes cosas habías hecho por él, y cómo tuviste misericordia de él.
Yo esperaba que, al compartir con otros lo que me ha sido dado, ayudaría probablemente a algunas almas. He intentado contar, balbuceando, lo que me aparecía cuando fijaba mis ojos sobre Ti, y lo que me parecía escuchar, cuando me callaba para escuchar Tu voz. Hay muchas cosas que alguien podría encontrar aquí y que no he dicho. He querido describir, Oh Salvador mío, ciertos aspectos de Tu rostro, algunos instantes de una entrevista a solas contigo, ciertas fases de una experiencia personal. No podía, no quería pretender otra cosa. He tenido algunas veces la impresión – no lo debería decir sin temblar – que algunas palabras, ciertas imágenes venían de más lejos y de más alto que mí mismo. ¡Señor, ten piedad de un pobre pecador que osó hablar de Ti, sin que sus labios hayan sido purificados por el carbón encendido (Cf. Is 6:6-7)!
Sé que las palabras no valen nada, no son nada. El único resultado que deseo es tocar algunas almas y llevarlas a Ti. Señor, conduce a aquellos que leerán mis palabras a tal punto que, al dejar estas páginas, abran de nuevo, o quizás por primera vez, Tu Evangelio, a tal punto que, en silencio, dejen entrar en sus corazones Tu palabra.

Padre Lev Gillet

Tropario de la Resurrección (Tono 5)

Al coeterno con el Padre y el Espíritu, al nacido de la Virgen para nuestra salvación, alabemos, oh fieles, y prosternémonos. Porque se complació en ser elevado en el cuerpo sobre la cruz, y soportar la muerte, y levantar a los muertos por su Resurrección gloriosa.

Tropario de la Epifanía (Tono 1)

Cuando fuiste bautizado, Señor, en el Jordán, la adoración a la Trinidad fue manifestada. Porque la voz del Padre dio testimonio de Ti, llamándote: ‘Hijo Amado’, y el Espíritu en forma de paloma, confirmó la certeza de la Palabra. ¡Cristo nuestro Dios que apareciste e iluminaste al mundo, Gloria a Ti!

Kontakion (Tono 4)

Hoy Te has manifestado al mundo, Oh Señor, y Tu Luz se alzó sobre nosotros, quienes con conocimiento cantamos Tu alabanza diciendo: “Has venido y has te manifestado, Oh Luz inaccesible”

Carta a los Efesios (4:7-13)

Hermanos, a cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida de los dones de Cristo. Por eso dice: Subiendo a la altura, llevó cautivos y repartió dones a los hombres. ¿Qué quiere decir “subió” sino que también bajó a las regiones inferiores de la tierra? Éste que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenar el universo. Él mismo dispuso que unos fueran apóstoles; otros, profetas; otros, evangelizadores; otros, pastores y maestros, para la adecuada organización de los santos en las funciones del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la plena madurez de Cristo.

Santo Evangelio según San Mateo (4:12-17)

En aquel tiempo, cuando Jesús oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliese el oráculo del profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte, una luz les ha amanecido. Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: “Arrepiéntanse, porque el Reino de los cielos se ha acercado”.

¿Qué conmemoramos hoy?
La fiesta de la Teofanía de Nuestro Señor Jesucristo

“Epifanía” es la fiesta que manifiesta a la Santísima Trinidad en el mundo a través del Bautismo del Señor (Mt 3:13-17; Mc 1:9-11 y Lc 3:21-22). Dios el Padre habló desde el cielo sobre el Hijo, el Hijo fue bautizado por San Juan Bautista y Precursor, y el Espíritu Santo descendió sobre el Hijo en forma de una paloma. Desde tiempos antiguos, esta fiesta se llamaba “el Día de la Iluminación” y “la Fiesta de las Luces”, ya que Dios es Luz, y apareció en el mundo para iluminar a “los que estaban sentados en la oscuridad”, y “en las regiones de la sombra de la muerte” (Mt 4:16), y para salvar a la raza caída de la humanidad por la gracia.
En la Iglesia primitiva existía la costumbre de bautizar a los catecúmenos en las vísperas de la Epifanía, por lo que el bautismo también se revela como la iluminación espiritual de la humanidad.
El origen de esta fiesta se remonta a los tiempos apostólicos, y se menciona en las Constituciones Apostólicas (Libro V, 13). Desde el siglo II tenemos el testimonio de San Clemente de Alejandría sobre la celebración del Bautismo del Señor, y la vigilia de la noche anterior a la fiesta.
Hay un “diálogo”, entre el santo mártir Hipólito y San Gregorio Taumaturgo que existe hasta el día de hoy y que data del siglo III sobre los oficios de Epifanía. En el siglo siguiente, a partir del siglo IV, todos los grandes Padres de la Iglesia: Gregorio el Teólogo, Juan Crisóstomo, Ambrosio de Milán, Juan de Damasco, escribieron comentarios sobre esta fiesta.
Los monjes José el Estudita, Teófanes y Bizancios compusieron la música litúrgica para esta fiesta, que se canta hoy en día. San Juan Damasceno dijo que el Señor fue bautizado, no porque él mismo tenía necesidad de limpieza, sino “para enterrar al pecado del hombre por el agua”, cumplir la Ley, revelar el misterio de la Santísima Trinidad, y, por último, para santificar “la naturaleza del agua” y ofrecernos la forma y el ejemplo del bautismo.
En la fiesta del Bautismo de Cristo, la Santa Iglesia proclama nuestra fe en el misterio más sublime e incomprensible para la inteligencia humana: Un solo Dios en tres Personas. Nos enseña a confesar y glorificar a la Santísima Trinidad, una en esencia e Indivisible. Expone y derroca los errores de las antiguas enseñanzas que trataron de explicar al Creador del mundo por la razón, y en términos humanos.
La Iglesia muestra también la necesidad del bautismo para los creyentes en Cristo, y nos inspira en un sentimiento de profunda gratitud por la iluminación y la purificación de nuestra naturaleza pecaminosa. La Iglesia enseña que nuestra salvación y purificación del pecado es posible únicamente por el poder de la gracia del Espíritu Santo, por lo tanto, es necesario mantener dignamente estos dones de la gracia del santo bautismo. Mantener limpias nuestras vestiduras no tiene precio, ya que “los que se han bautizado en Cristo, también se han revestido de Cristo” (Gal 3:27).

La Divina Liturgia (II)
Explicando la Liturgia semana a semana

Como la acción mística central de toda la Iglesia, la Divina Liturgia posee siempre el espíritu de la resurrección de Cristo. Siempre la Liturgia es la manifestación del pueblo de Cristo resucitado. Ella siempre es una efusión del Espíritu creador de la vida. Siempre es la comunión con Dios Padre. La Divina Liturgia, por lo tanto, nunca es triste o penitente. Nunca es la expresión de la oscuridad o de la muerte de este mundo. Siempre es la expresión y la experiencia de la vida eterna del Reino de la Santísima Trinidad.
La Divina Liturgia que casi siempre celebramos en la Iglesia Ortodoxa se llama “Liturgia de San Juan Crisóstomo”. Se trata de una liturgia más corta que la liturgia llamada de San Basilio el Grande y que se utiliza sólo diez veces durante el año litúrgico. Estas dos liturgias probablemente recibieron su forma actual después del siglo IX. No fueron escritas tal y como se encuentran actualmente por los santos cuyos nombres llevan. Es muy cierto, sin embargo, que las oraciones eucarísticas de cada una de ellas fueron formuladas ya en los siglos IV y V, cuando estos santos vivían y trabajaban en la Iglesia.
La Divina Liturgia consta de dos partes principales además de la preparación que lleva a cabo el sacerdote en el interior del Santuario. La primera parte es la reunión o la asamblea, llamada “Synaxis”. La misma tiene su origen en las reuniones de la sinagoga del Antiguo Testamento, y se centra en la proclamación y la meditación de la Palabra de Dios. La segunda parte de la Divina Liturgia es la del sacrificio eucarístico y tiene su origen en el culto del templo del Antiguo Testamento, los sacrificios sacerdotales del Pueblo de Dios, y en el acontecimiento salvífico central del Antiguo Testamento: la Pascua.
En la Iglesia del Nuevo Testamento, Jesucristo es la Palabra Viva de Dios. Los evangelios y los escritos apostólicos son los que se proclaman y se meditan en la primera parte de la Divina Liturgia. Y en la Iglesia del Nuevo Testamento, el acontecimiento salvífico central es el sacrificio perfecto, eterno y completo de Jesucristo, el gran Sumo Sacerdote, que es también el Cordero de Dios inmolado por la salvación del mundo, la nueva Pascua. En la Divina Liturgia los fieles cristianos participan en la entrega voluntaria de Cristo al Padre, realizada una vez y para siempre en la cruz por el poder del Espíritu Santo. En y a través de este único sacrificio de Cristo, es que los fieles reciben la Sagrada Comunión con Dios.
Durante siglos la práctica de la Iglesia ha sido la de admitir a todas las personas a la primera parte de la Divina Liturgia, reservando la segunda parte estrictamente para aquellos que se comprometieron formalmente con Cristo por medio del bautismo y/o la crismación en la Iglesia. A las personas no bautizadas no se les permitía presenciar, ofrecer ni recibir la Santa Comunión. Así, la primera parte de la Divina Liturgia recibió el nombre de “liturgia de los catecúmenos”, es decir, la liturgia de las personas que estaban recibiendo instrucciones en la fe cristiana con el fin de convertirse en miembros de la Iglesia por el bautismo y la crismación. También llegó a ser llamada, por razones obvias, como “liturgia de la Palabra”. La segunda parte de la Divina Liturgia se dio en llamar “Liturgia de los Fieles”.
Aunque por lo general la práctica en la Iglesia Ortodoxa el día de hoy es permitir a los que no son ortodoxos, e incluso a los que no cristianos, que presencien la Liturgia de los Fieles, sigue siendo la práctica en toda la Iglesia el reservar la participación en el sacramento de la eucaristía sólo a los miembros de la Iglesia Ortodoxa, que están plenamente comprometidos con la vida y las enseñanzas de la fe ortodoxa como es conservada, proclamada y practicada por la Iglesia a lo largo de su historia.
En el comentario que vamos a hacer a la Divina Liturgia, vamos a centrar nuestra atención en lo que sucede con la Iglesia en esta que es su “acción común”. De esta manera vamos a tratar de penetrar en el sentido fundamental y esencial de la liturgia para el hombre, su vida y su mundo. Este será el punto de partida para la interpretación de la Divina Liturgia. No vamos a comentar la Divina Liturgia como si se tratara de un drama teatral representado por el clero y “asistido” por el pueblo, en el que cada parte representa algún aspecto de la vida de Cristo y su obra. (Por ejemplo, la pequeña entrada significa el comienzo del ministerio público de Jesús, el evangelio de su predicación, etc.) Esta forma de interpretación de la Divina Liturgia es una invención, que, aunque tal vez resulte interesante e inspirador para algunos, es sin embargo completamente ajeno al verdadero significado y propósito de la Divina Liturgia en la Iglesia Ortodoxa.

Continúa la semana próxima

En Epifanía bendecimos los hogares

En la Iglesia Ortodoxa, existe la costumbre de bendecir los hogares después de la fiesta de Epifanía. Los sacerdotes salen a bendecir los hogares de todos los fieles en este tiempo hasta el inicio de la Cuaresma. La costumbre suele ser acogida como un acto de fe de toda la familia y el momento en el que el Sacerdote puede encontrarse con sus fieles en sus propias casas. El contacto entre los sacerdotes y el núcleo familiar es una de las sanas costumbres que nuestra Iglesia conserva como parte de su tesoro.
Para preparar la bendición de la casa es costumbre también que se cubra una pequeña mesa con un mantel de preferencia blanco. Allí se pone el agua bendita que la familia ha recibido durante el oficio de Epifanía y una vela encendida frente al icono que la familia tiene en su casa. La familia reza unida y el Sacerdote bendice todos los lugares de la casa pidiendo a Dios la protección para ese lugar y que la Salvación de Dios esté siempre con los miembros de la familia.




Boletín dominical correspondiente al domingo 15 de enero de 2012

Solemne conmemoración de San Pablo de Tebas

Jesús
Simples Miradas hacia el Salvador (1)

La genealogía de Jesucristo: así empieza el Evangelio. ¿Qué significa esta larga lista de nombres hebreos (Cf. Mt 1:1-17)? Para los judíos, necesidad de subrayar la descendencia davídica del Mesías. Otro sentido: en este linaje, hay asesinos, adúlteras, incestuosos. Si Jesús nace en mi alma, nace pese a, y a través de, la acumulación de mis pecados. Jesús penetra, encuentra su camino a través de mis faltas, sobrepasándolas una tras otra. Es Su genealogía en mí. En esta penetración, en este avance, resplandece Su misericordia, Su condescendencia y también Su fuerza.
María, llevando al Niño en su seno, y José van a empadronarse en Belén (Cf. Lc 2:1-5). No es ni en Roma, ni en Atenas, ni en Jerusalén que Jesús quiso nacer. De igual modo, el misterio del nacimiento de Jesús no nos es accesible sino más que en la pobre aldea de Judea. Subir a Belén, volver a ser ciudadano de Belén, adquirir – no, obtener – el espíritu humilde de Belén.
Los ángeles no dicen simplemente a los pastores que un Salvador ha nacido. Dicen: “Les ha nacido un Salvador” (Lc 2:11), Jesús nace para cada uno de los pastores. Su nacimiento permanece para cada uno de nosotros como un acontecimiento muy personal; Jesús es un don ofrecido a cada persona.
No hay lugares en el mesón para María que lleva a Jesús, ni para José (Cf. Lc 2:7). No hay lugares en el mesón de este mundo para el discípulo de Jesús. Si llego a encontrar un lugar, entonces ¡qué peligrosa facilidad! ¿Qué es lo que hay en común entre el mesón y el pesebre?
Los magos, divinamente inspirados en sueños, volvieron a su país por otro camino (Cf. Mt 2:12). Deben evitar a Herodes. En un sentido espiritual: aquel que Dios haya conducido hasta el pesebre puede volver a su casa, a su país, pero lo hará por otro camino. O sea que los motivos, las actitudes, la manera de ser, las herramientas utilizadas no pueden ser los mismos. Si hemos ido a Belén, entonces un cambio radical interviene.
A Simeón le fue revelado que no moriría sin haber visto al Salvador (Cf. Lc 2:26). ¡Oh, cuánto querría yo tener tal certeza! No morir sin haber visto a Jesús. No verlo con los ojos de mi cuerpo, sino verlo (verlo verdaderamente) con los ojos de la fe. Después de mi muerte, espero verlo de otra forma.
A Simeón, le fue otorgado más que ver a Jesús. Tomó al Niño en sus brazos (Cf. Lc 2:28). Señor, déjame abrazar invisiblemente al Niñito.
El ángel ordena a José tomar al niño y a su madre y huir a Egipto (Cf. Mt 2:13). Hay tiempos donde, porque somos débiles, es mejor huir del peligro y mantenernos al margen. Pero, hemos de llevar con nosotros lo que es más precioso, llevar a Jesús, llevar al Niño en su pequeñez, en su debilidad (que fortificará nuestra propia debilidad). Y con Él, llevar a Su madre, como el discípulo bien amado la llevó a ella después de la crucifixión (Cf. Jn 19:27). El misterio de María es inseparable del misterio de Jesús: misterio de misericordia y de ternura.

Padre Lev Gillet

Tropario de la Resurrección (Tono 6)

Los poderes celestiales aparecieron sobre tu Sepulcro; los guardias quedaron como muertos; María se plantó en el Sepulcro buscando tu Cuerpo purísimo: sometiste al Hades sin ser tentado por él; y encontraste a la Virgen otorgándole la vida. ¡Oh Resucitado de entre los muertos, Señor, gloria a Ti!

Tropario de San Pablo de Tebas (Tono 6)

Inspirado por el Espíritu, fuiste el primero en habitar el desierto, imitando al celoso Elías, como a semejanza de los Ángeles, y fuiste conocido en el mundo, siendo revelado por san Antonio. Ruega a Cristo Dios nuestro, ¡oh piadoso Pablo!, que nos conceda Su Gran Misericordia.

Kontakion (Tono 1)

¡Oh Cristo Dios!, Tú que por Tu Nacimiento santificaste el vien¬tre virginal y bendijiste, como es digno, las manos de Simeón; y ahora nos alcanzaste y nos salvaste, conserva en la paz a Tu rebaño durante las pruebas y afirma a Tu Iglesia que amaste, porque eres el Único Amante de la humanidad.

Carta a los Colosenses (3:4-11)

Hermanos, cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria. Por lo tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es una forma de idolatría. Estas cosas provocan la ira de Dios. Ustedes mismos se comportaban así en otro tiempo, viviendo desordenadamente. Pero ahora es necesario que acaben con la ira, el rencor, la maldad, las injurias y las conversaciones groseras. Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador. Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos.

Santo Evangelio según San Lucas (17:12-19)

En aquel tiempo al entrar Jesús en un pueblo, salieron a Su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz dijeron: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!” Al verlos, les dijo: “Vayan y muéstrense a los sacerdotes.” Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: “¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?” Y le dijo: “Levántate y anda; tu fe te ha salvado.”

¿A quién conmemoramos hoy?
A San Pablo de Tebas

San Pablo de Tebas, nació en Egipto alrededor del año 227. Después de quedar huérfano sufrió mucho por parte de un pariente codicioso por su herencia. Durante la persecución contra los cristianos que se desató bajo el emperador Decio (249-251), San Pablo se enteró del plan insidioso de su cuñado que quería entregarle en manos de los perseguidores, por lo que huyó de la ciudad al desierto.
Así fue que llegó a una cueva de una montaña, donde San Pablo permaneció allí durante noventa y un años, orando sin cesar a Dios día y noche. Él se sustentaba con raíces y pan, que un cuervo le traía, y se vestía con hojas de palma.
San Antonio el Grande (a quien recordamos el próximo 17 de enero), que también vivía como asceta en el desierto de Tebaida, tuvo una revelación por parte de Dios acerca de San Pablo. San Antonio pensó que no había otros habitantes del desierto como él. Y entonces Dios le dijo: “Antonio, hay un siervo de Dios más excelente que tú, y debes ir a verlo”.
Antonio fue, entonces, al desierto y llegó a la cueva de San Pablo. Allí cayó al suelo antes de la entrada de la cueva, y pidió ser admitido. Los ancianos se presentaron entre ellos, y luego se abrazaron. Conversaron durante toda la noche, y San Antonio reveló cómo había sido llevado allí por Dios. San Pablo le reveló a San Antonio, que durante sesenta años un pájaro le había traído media barra de pan por día. Pero que ahora el Señor le había enviado una doble porción en honor a la visita de San Antonio. A la mañana siguiente, San Pablo habló con Antonio sobre su muerte, y le ordenó enterrarlo. También pidió a San Antonio que volviese a su monasterio y trajera de vuelta el manto que había recibido de san Atanasio. En realidad no necesitaba una prenda de vestir, sino que deseaba dormir en el Señor, mientras San Antonio se encontraba ausente.
Al volver con la capa, San Antonio vio el alma de San Pablo rodeada de ángeles, profetas y apóstoles, que brillaban como el sol y en ascenso hacia Dios. Entró en la cueva y encontró a San Pablo sobre sus rodillas con los brazos abiertos. San Antonio lo lloró, y lo envolvió con el manto. Se preguntaba cómo iba a enterrar el cuerpo, porque no se había acordado de traer una pala. Dos leones llegaron corriendo desde el desierto y cavaron una fosa con sus garras.
San Antonio enterró entonces al santo anciano, tomó su manto de hojas de palma, y luego regresó a su monasterio. San Antonio mantuvo este hábito como una herencia preciosa, y lo usaba sólo dos veces al año, en Pascua y Pentecostés.
San Pablo de Tebas, murió en el año 341, cuando tenía 113 años. No estableció un solo monasterio, pero poco después de su dormición hubo muchos imitadores de su vida, que llenaron el desierto con los monasterios. San Pablo es honrado como el primer habitante ermitaño del desierto.
En el siglo XII las reliquias de San Pablo fueron trasladadas a Constantinopla y se colocaron en el monasterio Peribleptos de la Madre de Dios, por orden del emperador Manuel (1143-1180). Más tarde, fueron llevadas a Venecia y, finalmente, a Hungría. Parte de su cabeza se encuentra actualmente en Roma.
San Pablo de Tebas, cuya vida fue escrita por San Jerónimo, no se debe confundir con San Pablo el Simple (a quien recordamos el 4 de octubre).

La Divina Liturgia (III)
Explicando la Liturgia semana a semana

Bendito sea el Reino…

La primera exclamación de la Divina Liturgia revela la clave de toda la celebración: “Bendito sea el Reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos”. En el libro de la Liturgia que tenemos en nuestra Iglesia en Argentina, esta primera exclamación se conoce como “La Apertura” del oficio divino.
Con estas palabras, el celebrante anuncia la fuente y el objetivo del oficio divino que celebra el pueblo de Dios, el propio contexto y el contenido de la acción litúrgica. El reino de Dios ha sido traído al mundo por Jesucristo, el Hijo de Dios, que místicamente reina ya entre sus fieles discípulos por la presencia y el poder del Espíritu Santo. El Reino de Dios es vida eterna en la comunión con Dios en obediencia amorosa a su voluntad divina. El Reino es la vida en unión con la Santísima Trinidad, la vida vivida hacia el Padre, por medio del Hijo y en el Espíritu Santo. Es la vida que Cristo ha dado a los hombres, por su encarnación, crucifixión, resurrección y glorificación. Es la vida que hay que vivir ya en este mundo como Pueblo de Dios.
Bendecir el Reino de Dios significa amarlo como lo más precioso que uno posee en esta vida. La respuesta de los fieles a la proclamación de la bendición del sacerdote es “Amén”, que significa “que así sea”. Esta es la declaración solemne que, efectivamente hacemos: bendecimos el Reino de Dios como algo justo y debido. Esta es la confirmación personal y comunitaria de que este reino es la “perla de gran valor” por la que los fieles, una vez que lo encontraron, lo van a amar y servir y desearán tenerlo para siempre (Lc 13:14).
La Divina Liturgia y los demás sacramentos y oficios de la Iglesia, que se integraron inicialmente en la celebración eucarística, como el bautismo y el matrimonio, comienzan con la misma bendición solemne del Reino de Dios.

La Gran Letanía o la Letanía de la Paz

Después de la proclamación de apertura de la Divina Liturgia, la “Gran Letanía” se canta en su totalidad. Esta letanía inicia todos los oficios litúrgicos de la Iglesia Ortodoxa, así como prácticamente todos los sacramentos y los oficios especiales. Esta es la oración de la Iglesia que todo lo abarca para todos y todo. Se compone en total de doce peticiones a las que el pueblo responde solemnemente: “Señor, ten piedad”.
La Gran Letanía comienza con tres peticiones especiales “en paz” y “por la paz” motivo por el cual también se la conoce como la “Letanía de la paz” tal cual la tenemos en nuestro libro de la Liturgia. Los fieles luego proceden a pedir por el templo en el que se encuentran, por los fieles que han ingresado en el con fe, con devoción y temor de Dios, también piden por el Obispo de la comunidad, por los sacerdotes, los diáconos y todo el pueblo que forma a la Iglesia, por la nación y sus autoridades para que todos sean responsables en sus obras y para que Dios los ayude en toda obra buena, por la ciudad, el país y por todas las ciudades y países, por el buen clima y por abundantes cosechas, por los viajeros, los enfermos, los que sufren y los cautivos.
Finalmente, después de pedir a Dios por la liberación de todo lo dañino y negativo y por su ayuda divina, la salvación, la misericordia y la protección, los fieles recuerdan a la Madre de Dios y a todos los santos y se recuerdan mutuamente que deben encomendarse a sí mismos, los unos a los otros y todas sus vidas a Cristo Dios.
La Gran Letanía termina con lo que llamamos como “doxología” que entona el Sacerdote a la Santísima Trinidad a quien se debe toda gloria, honor y adoración por siempre. Esta “doxología” es la exclamación final de una oración que el Sacerdote recita mientras el pueblo con el diácono recitan la letanía. La oración dice así: “Señor, Dios nuestro, cuyo poder es incomparable, cuya gloria es incomprensible, cuya misericordia es inconmensurable y cuyo amor a la humanidad es inefable; Tú mismo, oh Soberano, según Tu tierna compasión, míranos a nosotros y a este santo templo, y concédenos a nosotros y a aquellos que oran con nosotros, Tus abundantes generosidades y misericordias”. Una vez más la oración se completa con el “Amén” de la comunidad.

“Señor, ten piedad”.

¡Señor, ten piedad! Esta oración ha sido legada a los cristianos desde la época de los mismos Apóstoles y se decretó desde tiempos antiguos que constantemente se repitiera en la Liturgia. San Simeón de Tesalónica escribe acerca de esta exclamación que en griego se dice “Kyrie Eleison”: “Esta expresión es adecuada, ya que no debemos pedir nada a excepción de la misericordia y la piedad de Dios… Así que como pecadores que somos, no pidamos nada más a nuestro Amoroso Maestro, que no sea el tenernos piedad”.
La palabra, que utilizamos en nuestro libro como “piedad”, es la traducción de la palabra griega eleos. Esta palabra tiene la misma raíz de la antigua palabra griega que se utiliza para llamar al aceite de oliva. Esta es una sustancia que se utiliza ampliamente como calmante para moretones y heridas leves. El aceite se vierte en la herida y, por medio de suaves masajes, la parte lesionada vuelve a sentirse confortable. La palabra hebrea que se traduce también como eleos es hesed, y significa “misericordia”. Nosotros decimos: “Señor, cálmame, se mi consuelo, quítame el dolor y muéstrame tu amor”. Así, la misericordia o la piedad no se refiere tanto a la justicia o la absolución en una interpretación más occidental, sino a pedir la infinita bondad de Dios y su compasión por sus hijos que sufren. Es en este sentido que decimos: “Señor, ten piedad”.

Continúa la semana próxima




Boletín dominical correspondiente al domingo 22 de enero de 2012

Solemne conmemoración del Santo Apóstol Timoteo

Jesús
Simples Miradas hacia el Salvador (2)

Ver a Jesús

“Querríamos ver a Jesús” (Jn 12:21), pidieron algunos griegos al apóstol Felipe. Esta es también la oración que yo dirijo al Espíritu Santo. ¡Señor Espíritu Santo, hazme ver a Jesús!
Aquellos que tienen un corazón limpio son los que verán a Dios (Cf. Mt 5:8). El sermón de la montaña lo proclama. Y Jesús no podrá ser visto más que por los que tienen corazones limpios. Estos penetrarán directamente al centro del Evangelio. Para ellos, esto es muy simple. Pero es difícil para aquellos cuya mirada está turbada por las pasiones o los conocimientos humanos mal ordenados. Deben reaprender, redescubrir la mirada directa, inmediata, hacia Jesús.
Aprendo a mirar a Jesús en la medida que aprendo a ser mirado por Él. Someterme a la mirada de Jesús. Antes de dirigirle la palabra a Simón, en el momento de su primer llamado, Jesús lo mira (Cf. Jn 1:42; y el verbo griego implica que lo miraba con insistencia). Encontramos la misma mirada penetrante fijada sobre Simón Pedro, en el momento en que Jesús sale de la casa de Caifás y que Pedro lo niega (Cf. Lc 22:61). Tal mirada de Jesús llena al discípulo de alegría y de luz. La otra hace llorar amargamente al discípulo que ha caído. Las miradas de Jesús que hacen llorar: sin ellas, no podré ver la mirada de luz que se dirige a mí.
Condiciones de la visión. Son las mismas que aquellas impuestas sobre los tres discípulos de quienes Él hizo testigos de Su transfiguración. Jesús los “tomó con Él”, “los llevó aparte a un monte alto” (Mt 17:1). La soledad con Jesús. Dejarnos ser conducidos por Él. Ascensión penosa, más allá de lo que nuestra vida contiene de bueno y de mediocre. Todas estas condiciones permanecen habitualmente como necesarias. (Digo “habitualmente”, porque hay casos excepcionales: Saulo en el camino a Damasco).
Otra vez más la pureza del corazón. Corazón puro: corazón sin mezcla, tal como decimos de un vino que es puro. Corazón no dividido, no compartido. Integridad preservada, o recuperada. La impureza, en un sentido sexual, no es sino solo una de las formas de la desintegración. “Dame, hijo mío, tu corazón” (Pro 23:26), decía la sabiduría del Antiguo Testamento. Solo un corazón “dado” puede captar a Jesús. Pero dado sin retorno. Entero, sin falla. Uno en contra de la multitud. “Me llamo Legión” (Mc 5:9), respondió el poseído cuando Jesús le preguntó su nombre.
Hijo mío, has buscado tu felicidad. En lugar de la felicidad que buscabas, te ofrezco mis “bienaventuranzas”. Tu vida entera te ha mostrado que evidentemente tu camino está cerrado, sin el don absoluto de ti mismo. ¡Bienaventurado eres tú, a quien he cerrado los caminos que no eran los Míos!
Cuando te miro a Ti, Señor, no tengo necesidad de preguntarte ni de recibir respuestas sobre asuntos particulares. Tu persona, Tu imagen son la respuesta suficiente y total. Si fijo mis ojos en Ti, en Ti todo se me revela. Cierto, en forma oscura, pero con poder. Y aún esta oscuridad (que, de Ti a mi, no puede no estar) ofrece a menudo una claridad deslumbrante. Cuando me parece obtener de Ti una visión clara, todo se vuelve claro para mí.
Tu palabra, Señor, no es un comentario sobre una relación que podría existir entre Tú y yo. Tu palabra da a luz una relación. Ella no me informa del hecho-Cristo. Ella establece mi contacto vivo con este acontecimiento. Ella es la irrupción misma del acontecimiento divino en mi vida.
Cada palabra de Jesús es una declaración de Su gracia. Jesús, aún en los asuntos cotidianos, es el Redentor que habla. La sombra de la cruz sobre todas las cosas. No: el sol de la cruz.

Padre Lev Gillet

Tropario de la Resurrección (Tono 7)

Destruiste la muerte con tu Cruz y abriste al ladrón el Paraíso; a las Miróforas los lamentos trocaste, y a tus Apóstoles ordenaste predicar que resucitaste, oh Cristo Dios, otorgando al mundo la gran misericordia.

Tropario de San Timoteo (Tono 4)

Cuando aprendiste la bondad y la piedad; te despertaste en todos los estados, revistiéndote de la buena conciencia, deviniéndote en santo como es digno de Dios. Aprendiste sobre la vasija elegida los Misterios Indescriptibles; y habiendo conservado la fe, terminaste la recta labor. Intercede, oh Apóstol Hieromártir Timoteo, ante Cristo Dios, que salve nuestras almas.

Kontakion (Tono 1)

¡Oh Cristo Dios!, Tú que por Tu Nacimiento santificaste el vien¬tre virginal y bendijiste, como es digno, las manos de Simeón; y ahora nos alcanzaste y nos salvaste, conserva en la paz a Tu rebaño durante las pruebas y afirma a Tu Iglesia que amaste, porque eres el Único Amante de la humanidad.

Primera carta a Timoteo (4:9-15)

Hijo mío Timoteo, esta es doctrina cierta y absolutamente digna de fe. Nosotros nos fatigamos y luchamos porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los que creen. Predica esto y enséñalo. Que nadie menosprecie tu juventud: por el contrario, trata de ser un modelo para los que creen, en la conversación, en la conducta, en el amor, en la fe, en la pureza de vida. Hasta que yo llegue, dedícate a la proclamación de las Escrituras, a la exhortación y a la enseñanza. No malogres el don espiritual que hay en ti y que te fue conferido mediante una intervención profética, por la imposición de las manos del presbiterio. Reflexiona sobre estas cosas y dedícate enteramente a ellas, para que todos vean tus progresos.

Santo Evangelio según San Lucas (19:1-10)

En aquel tiempo, Jesús atravesaba Jericó; había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verlo, pues iba a pasar por ahí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista y lo vio, y dijo: “Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede Yo en tu casa.” Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: “Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.” Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: “Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.” Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.”

¿A quién conmemoramos hoy?
A San Timoteo, Apóstol

El Santo Apóstol Timoteo era originario de la ciudad de Listra, Licaonia, en Asia Menor. Él se convirtió a Cristo en el año 52 por intermedio del Santo Apóstol Pablo. Cuando los apóstoles Pablo y Bernabé, visitaban por primera vez las ciudades de Licaonia, san Pablo sanó a un cojo de nacimiento. Muchos de los habitantes de Listra, entonces, creyeron en Cristo, y entre ellos estaban Timoteo, su madre Eunice y su abuela Loida (Lois) (mencionadas en Hec 14:6-12; II Tim 1:5).
La semilla de la fe, sembrada en el alma de San Timoteo por el apóstol Pablo, dio abundante fruto. Se convirtió en discípulo de San Pablo, y más tarde, en su compañero inseparable en el trabajo de la predicación del Evangelio. El apóstol Pablo quería a San Timoteo y en sus epístolas lo llama como su hijo amado, recordando su devoción y fidelidad con gratitud.
A Timoteo le escribió: “Tú, en cambio, has seguido de cerca mi enseñanza, mi modo de vida y mis proyectos, mi fe, mi paciencia, mi amor y mi constancia…” (II Tim 3:10-11). El apóstol Pablo nombró a San Timoteo como obispo de Efeso, donde el santo permaneció durante quince años. Por último, cuando San Pablo estaba en prisión y en espera del martirio, llamó a su fiel amigo, San Timoteo, para un último adiós (II Tim. 4:9).
San Timoteo durmió en el Señor como mártir. Los paganos de Éfeso celebraban un festival en honor de sus ídolos, y solían marchar por la ciudad llevando a sus ídolos acompañados de ceremonias y canciones impías. San Timoteo, celoso de la gloria de Dios, trató de poner fin a la procesión y los paganos airadamente cayeron sobre el santo apóstol, lo golpearon, lo arrastraron por el suelo, y, finalmente, lo mataron. El martirio de San Timoteo se produjo en el año 93.
En el siglo IV las reliquias de San Timoteo fueron trasladadas a Constantinopla y colocadas en la iglesia de los Santos Apóstoles cerca de las tumbas de San Andrés y San Lucas. La Iglesia honra a San Timoteo como uno de los Setenta Apóstoles enviados por el Señor en el Evangelio.
En la práctica Rusa, la parte de atrás de la cruz de un sacerdote es a menudo inscrita con las palabras de San Pablo a San Timoteo: “Sé ejemplo para los creyentes en palabra y conducta, en amor, fe y pureza” (I Tim 4:12).

La Divina Liturgia (IV)
Explicando la Liturgia semana a semana

Las Antífonas
Después de la Gran Letanía, se cantan algunos himnos que llamamos “antifonales”. Esto es así porque eran, y todavía son, cantados por el pueblo en dos coros, cada uno respondiendo antifonalmente al otro. Hay tres grupos de antífonas en cada Divina Liturgia.
Históricamente, las antífonas eran cantadas por el pueblo mientras este se dirigía en solemne procesión hacia el templo o el lugar en donde la Divina Liturgia del día se iba a celebrar. Hoy en día, a pesar de que las antífonas ya son parte del oficio en sí, todavía forman parte de la preparación gozosa para entrar en la adoración a Cristo a través de la Palabra del Evangelio y ofrecer y recibir la Santa Comunión.
Hay una palabra clave en las dos primeras antífonas: “Sálvanos”. La primera antífona es la que dice “Por las intercesiones de la Madre de Dios, oh Salvador, sálvanos” y que repetimos tres veces. La segunda antífona comienza con “Sálvanos Oh Hijo de Dios” y después se canta un himno escrito por el Emperador Justiniano,”Oh Verbo de Dios, Hijo unigénito” el cual termina también con el mismo pedido: “Sálvanos”. Este es un himno de la fe en la divinidad de Cristo y de su encarnación, crucifixión y resurrección como “uno de la Santa Trinidad” para la salvación de los hombres. El pueblo pide al Salvador al inicio de la Divina Liturgia su salvación.
Además de los dos conjuntos de antífonas y el canto del “Oh Verbo de Dios”, que pertenecen a toda Divina Liturgia, una tercera antífona se canta los domingos normales en la mayoría de las Iglesias ortodoxas: el canto del Tropario de la Resurrección acorde a la semana litúrgica. Estos himnos son siempre ocho y cambian semana a semana.
Dice Nicolás Cabasilas: “Mientras que el diácono recita las peticiones, y los fieles cantan, el sacerdote dentro del Santuario reza en silencio por cada uno de los presentes y por el Santo Templo en donde están reunidos, para que Dios derrame sobre ellos su rica misericordia y amor… cuando él finaliza su oración silenciosa, entonces exclama en alta voz una glorificación para que todos puedan escuchar la conclusión de su oración como acción de gracias y doxología”.

La Entrada Menor

Durante el canto de la tercera antífona, la llamada “Entrada Menor” se lleva a cabo. Esta es la solemne procesión del clero al altar dirigido por el Libro de los Evangelios. Si el obispo está celebrando la Liturgia, el libro del Evangelio es llevado hacia él que se encuentra en el centro de la iglesia en medio del pueblo.
Después de la exclamación: ¡Sabiduría! ¡Estemos de pie! el clero entra por las puertas reales del iconostasio, mientras todos cantan el Himno de la entrada: “Venid, adoremos y prosternémonos delante de Cristo, nuestro Rey y nuestro Dios. Sálvanos Oh Hijo de Dios…”.
Una línea especial se agrega antes de la última frase de este himno de entrada en cada liturgia, y que siempre depende de la celebración. Así, por ejemplo, en el día del Señor (el domingo) esta frase siempre sería, “que resucitaste de entre los muertos”.
Si el sacerdote oficia la Divina Liturgia solo, o con un diácono, la pequeña entrada la hace el clero que rodea la mesa del altar y al llegar frente a la Puerta Real del Iconostasio con el Libro del Evangelio realizan la exclamación habitual, y luego entran al Santuario acompañados por el himno de entrada.
La pequeña entrada es el primer movimiento significativo de la Divina Liturgia. Ella es la entrada como movimiento de toda la Iglesia a través de su Sumo Sacerdote, Jesucristo, en la persona del celebrante, al altar que simboliza el Reino de Dios. Es el movimiento que hace posible el Evangelio de Cristo, como camino hacia el Reino. La entrada al Reino sólo se puede lograr mediante el seguimiento de Jesús, la Palabra Viva de Dios (Jn 1:1-18).
No puede haber un acercamiento a Dios el Padre, sino por medio de Cristo, el Hijo de Dios (Jn 14:6). No puede haber comunión con Dios el Padre, sino por el cumplimiento de sus mandamientos que son dados por Jesús y proclamados en las palabras de su Evangelio. Por lo tanto, es el Evangelio de Cristo, el Hijo y Palabra de Dios, que nos lleva al reino del Padre y en la vida eterna de la Santísima Trinidad, a cuyo reino entramos y experimentamos en la Divina Liturgia de la Iglesia.
Técnicamente hablando, la pequeña entrada no se ha completado cuando el clero entra en el santuario y se encuentra de pie ante la mesa del altar. Se completa mientras el pueblo canta los troparios y el kontakio correspondientes a ese día. Estos son himnos que alaban los acontecimientos salvíficos o personas santas, himnos que celebran litúrgicamente la memoria de aquellos testigos de Cristo. Los domingos, estas canciones siempre alaban la resurrección de Cristo de entre los muertos. Siempre se canta el tropario de la resurrección, luego el tropario del santo conmemorado ese día, luego recordamos al santo o a la fiesta a la cual el templo de la comunidad fue dedicado y por último concluimos con el kondakio que señala siempre la fiesta litúrgica a la que nos aproximamos, a la que nos dirigimos, y que sirve como recordatorio que estamos viviendo un tiempo litúrgico especial.
Si bien estos himnos se cantan, el celebrante reza ciertas oraciones ante el altar por el perdón de los pecados de toda la asamblea de fieles a fin de que todos puedan ser dignos de Dios y “estar parados… ante la gloria de tu santo altar y ofrecerte la adoración y la glorificación que te son debidas”.

Continúa la semana próxima




Boletín dominical correspondiente al domingo 29 de enero de 2012

Solemne conmemoración de los Tres Santos Jerarcas
Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo y Juan Crisóstomo

Jesús
Simples Miradas hacia el Salvador (3)

Buscar la Verdad

Jesús es la verdad (Cf. Jn 14:6). En Él se encuentra toda verdad. A medida que se descubre la verdad que está en Jesús, toda verdad se devela. (Aplicación de esto a la ciencia, al arte, la cultura de los hombres). Ver el mundo con los ojos de Jesús.
A los discípulos de Juan que preguntaban a Jesús sobre Su misión, el Salvador no da una respuesta directa, sea afirmativa o negativa. Les dice que informen a Juan lo que han visto (Cf. Mt 11:2-5). A Pedro, que ha dado una respuesta justa y ha confesado al Mesías, Jesús le recomienda no revelar este misterio a los que están afuera (Cf. Mt 16:20). Cada hombre debe descubrir por sí mismo el secreto de Jesús. Y aún si aprendemos de otros quién es Jesús, y aún si otros tienen mandato para enseñárnoslo, no es sino que sólo por una experiencia intensamente personal que sabremos quién es Jesús.
En efecto, en base a lo que muchas almas creían todo lo que hay que creer, y que llevaban una vida justa y piadosa, podemos preguntarnos: ¿Acaso esta alma conocía al Salvador? ¿Acaso lo conocía de una manera íntima, tal como podemos conocer a nuestro amigo más cercano, tal como se pueden conocer un hombre y una mujer que se aman, tal como se puede conocer sólo aquel que es más interno que nosotros a nosotros mismos? Una suma de conocimientos adquiridos (y por cierto verídicos) con respecto al Salvador se substituyen a menudo al conocimiento personal y profundo del Salvador. Estos se pueden interponer como una pantalla entre Jesús y nosotros. ¿Acaso te conozco realmente, Señor? ¿O conozco solamente lo que he leído sobre Ti, lo que he escuchado sobre Ti?
Jesús no quiere que el alma se fije en la visión momentáneamente dada y que se limite a ella. Natanael ha visto a Jesús y ha creído. Pero Jesús le dijo: “Cosas mayores… verás” (Jn 1:50). Sí. Pero también: por haber encontrado, entonces buscarán más todavía. Cuanto más hallan [lo que están buscando], más buscan. No cesaremos de buscar a Jesús hasta el fin de los tiempos. El descubrimiento de Jesús no agotará nuestra búsqueda de Jesús, tanto cuanto no hemos obtenido la visión final. La palabra de San Agustín: Quaeramus inventum, busquemos a aquel que ha sido hallado.

Padre Lev Gillet

Tropario de la Resurrección (Tono 8)

Descendiste de las alturas, oh Piadoso, y aceptaste el entierro de tres días para librarnos de los sufrimientos. Vida y Resurrección nuestra, oh Señor: ¡Gloria a Ti!

Tropario de los Jerarcas (Tono 1)

Vengan todos, reunámonos y con alabanzas veneremos a los tres grandes astros de la Divinidad de Tres Soles; quienes iluminaron al mundo con los rayos de las doctrinas divinas; los ríos de la Sabiduría que rebosan miel, que irrigaron a toda la Creación con las corrientes del conocimiento divino: Basilio ‘El Grande’, Gregorio ‘El Teólogo’ y Juan el Glorioso boca de oro. Porque ellos interceden ante la Trinidad, por nosotros, los que amamos sus palabras.

Kontakion (Tono 1)

¡Oh Cristo Dios!, Tú que por Tu Nacimiento santificaste el vien¬tre virginal y bendijiste, como es digno, las manos de Simeón; y ahora nos alcanzaste y nos salvaste, conserva en la paz a Tu rebaño durante las pruebas y afirma a Tu Iglesia que amaste, porque eres el Único Amante de la humanidad.

Carta a los Hebreos (13:7-16)

Hermanos, acuérdense de sus dirigentes, que les anuncia¬ron la Palabra de Dios y, conside¬rando el final de su vida, imiten su fe. Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre. No se de dejen seducir por doctrinas varias y extrañas. Mejor es fortalecer el cora¬zón con la gracia que con alimentos que nada aprovecharon a los que siguieron ese camino. Tenemos nosotros un altar del cual no tienen derecho a comer los que dan culto en la Tienda. Los cuerpos de los animales, cuya sangre lleva el Sumo Sacerdote al santuario para la ex¬piación del pecado, son quemados fuera del campamento. Por eso, también Jesús, para santificar al pueblo con Su Sangre, padeció fuera de la puerta. Así pues, salgamos donde Él, fuera del campamento, cargando con Su Oprobio; que no tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos buscando la del futuro. Ofrezcamos sin cesar, por medio de Él, a Dios, un sacrificio de alabanza; es decir, el fruto de los labios que celebran Su Nombre. No se olviden de hacer el bien y de ayudarse mutuamente; Ésos son los sacrificios que agradan a Dios.

Santo Evangelio según San Mateo (5:21-28)

En aquel tiempo, Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: “¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.” Pero Él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: “Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.” Respondió Él: “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.” Ella, no obstante, vino a postrarse ante Él y le dijo: “¡Señor, socórreme!” Él respondió: “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.” Ella dijo: “Sí, Señor, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.” Entonces Jesús le respondió: “Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.” Y desde aquel momento quedó curada su hija.

¿A quienes conmemoramos hoy?
A los Tres Santos Jerarcas
Basilio el Grande, Gregorio el Teólogo y Juan Crisóstomo

Los días posteriores a la fiesta de la Epifanía están llenos de conmemoraciones litúrgicas de grandes santos de la Iglesia. Durante el mes de enero nos hemos encontrado con celebraciones en honor de santos como por ejemplo San Gregorio de Nisa, San Gregorio el Teólogo, San Juan Crisóstomo, San Máximo el Confesor, San Atanasio y San Cirilo de Alejandría y San Marcos de Éfeso; de la misma manera que con santos monjes como San Antonio, San Pablo, San Macario de Egipto, San Eutimios, San Teodosio y San Efrén de Siria. El mes de enero también incluye la memoria de mujeres mártires como Domnica, Tatiana y Xenia. Sin lugar a dudas este es uno de los momentos más ricos durante el año para contemplar la vida de la santidad cristiana.
El 30 del mes de enero, tal vez como un resumen del mes, la Iglesia celebra la fiesta de los tres santos Jerarcas: Basilio el grande, Arzobispo de Cesarea en Capadocia; Gregorio el Teólogo, Obispo de Nacianzo y Arzobispo de Constantinopla; y Juan Crisóstomo de Antioquia también Arzobispo de Constantinopla. Este día es conocido en la Iglesia Ortodoxa como la celebración de los Jerarcas y maestros ortodoxos, la fiesta de los estudios teológicos y de las escuelas teológicas.
Los tres santos Jerarcas fueron muy diferentes tipos de personas. Basilio el Grande (379) fue un diligente hombre de Iglesia, un pensador sólido, un pastor compasivo, un firme defensor de la ortodoxia y un líder monástico. Gregorio el Teólogo (389) fue su gran amigo. Se conocieron en la Universidad de Atenas donde estudiaron literatura, retórica y filosofía, solo para abandonarlo todo por la causa de seguir a Cristo. Después de pasar tiempo juntos llevando vida de monjes, Basilio asumió la tarea de defender la divinidad de Cristo como había sido definida por el Concilio de Nicea. El llegó a ser obispo y forzó a su reacio amigo a entrar también al episcopado y luchar por la fe ortodoxa.
Gregorio era una persona delicada, un contemplativo y un poeta. Se ofendía muy fácilmente y era insultado con frecuencia. Como pastor fue menos que un suceso. Pero como teólogo, fue el más grande. Sus homilías sobre la Santísima Trinidad, dichas frente a un pequeño grupo de fieles cristianos ortodoxos en Constantinopla cuando la Catedral y la masa de gente estaban en manos de los herejes Arrianos, continúan siendo hoy los grandes clásicos de la teología ortodoxa.
Juan Crisóstomo (407) fue un ardiente predicador. Es llamado “Crisóstomo”, que significa “boca de oro”, debido a sus remarcables dones en oratoria. San Juan fue sólidamente ortodoxo en todas sus enseñanzas, pero no es considerado primariamente un teólogo. Es recordado y alabado más por sus enseñanzas sobre la vida cristiana, sus denuncias proféticas de injusticia y de mal, su cuidado pastoral por los pobres y los oprimidos y su audaz oposición a aquellos que distorsionaban y traicionaban el evangelio de Cristo, especialmente aquellos en lugares altos de poder y responsabilidad. Murió en el exilio, expulsado de su Iglesia, en el año 407.
Los tres santos Jerarcas fueron rodeados por pequeños grupos de seguidores creyentes, incluyendo a miembros de sus propias familias, que los asistieron y los inspiraron en sus obras. La madre y la abuela de Basilio, Emilia y Macrina, al igual que su hermana Macrina, han sido canonizadas como santas de la Iglesia, junto con su hermano Gregorio de Nissa. Ambos, él y su hermano Gregorio, consideraron a su hermana Macrina como la gran maestra que tuvieron. La madre de Gregorio el Teólogo, Nona, fue canonizada también como santa. En la oración de su funeral, el santo Padre dijo que su madre le había dado todo lo que él tenía en el Señor incluyendo no solo su vida física, sino también su vida espiritual. La hermana de Gregorio, Teosebia, que algunos piensan fue la esposa de Gregorio de Nissa, fue alabada por su hermano como “más grande que los sacerdotes” junto a su hermana Gorgonia. La madre de Juan Crisóstomo, Anthusa es santa también en la Iglesia. Su mejor amiga y su colaboradora fue una diaconisa llamada Olimpia a quien él dirige sus más conmovedoras cartas en el fin de su vida. Así vemos que estos grandes obispos, teólogos y predicadores no estuvieron solos en sus esfuerzos. Ellos fueron, en un sentido real, el producto de la comunidad de la fe, la devoción y el aprendizaje; así como sus líderes y maestros.
Al contemplar las vidas y obras de Basilio, Gregorio y Juan nos damos cuenta que, más que cualquier otra cosa, un pequeño grupo de creyentes puede hacer muchísimo por la edificación de la Iglesia y la salvación de nuestras almas. Vemos también que nadie puede vivir en aislamiento, como aún los más grandes santos necesitaron a otros para inspirarlos y alentarlos, para instruirlos y apoyarlos en sus servicios. Vemos también que la inteligencia y el aprendizaje no son suficientes. Las mentes de la gente deben ser dedicadas a Dios y a la divina sabiduría y verdad, pero uno debe amar a Dios no solo con toda su mente sino con todo su corazón, alma y fuerzas. Los tres santos jerarcas fueron ascetas de disciplina y de oración ferviente; fueron hombres de la Iglesia y no académicos; fueron hombres que desearon no solo predicar sino también practicar lo que predicaban, no solo hablar sino también hacer; y no solo hacer sino sufrir por el Verbo de Dios que vino a este mundo no solo a predicar sino también a sufrir y a morir por la salvación de todos.
Los tiempos en que los tres santos Jerarcas vivieron fueron tiempos terribles para la Iglesia, seguramente no menos oscuros y deprimentes que los tiempos presentes, y tal vez más en muchos aspectos. Pero estos hombres y mujeres que estuvieron junto a ellos, pudieron perseverar con fe hasta el final. Se debe a esta gente del pasado que tenemos vida cristiana en la Iglesia de hoy.

La Divina Liturgia (V)
Explicando la Liturgia semana a semana

El “Trisagio”

Concluida esta parte de la Liturgia se da paso al canto del himno “Tres veces Santo”, llamado “Trisagio”, que es el himno de los ángeles que perpetuamente resuena en la presencia del Reino de Dios: ¡Santo Dios! ¡Santo Fuerte! ¡Santo Inmortal! ¡Ten piedad de nosotros! (Is 6:1-5).
Esta versión del himno tres veces Santo es de origen muy antiguo. Es un himno a la Santísima Trinidad, en cuya presencia los cristianos se encuentran ahora en la liturgia. Es en la presencia del Reino de Dios que los hombres se hacen competentes por Cristo y el Espíritu Santo para escuchar, comprender y practicar la Palabra de Dios, que se dará a conocer a ellos desde el trono del Padre.
La tradición cuenta que durante el reinado de Teodosio II (408-450), Constantinopla fue sacudida por un violento terremoto y que mientras el pueblo, el emperador y el Patriarca Proclo (434-446) oraban pidiendo la ayuda celestial, un niño se levantó en medio de la asamblea y exhortó al pueblo a orar lo que hoy llamamos el himno trisagio. El hecho es que este himno fue una de las exclamaciones de los Santos Padres del Concilio de Calcedonia (451) y es común a todas las liturgias orientales. En la Iglesia Copta se mantiene la tradición que este himno fue cantado por primera vez por Nicodemo cuando bajó el cuerpo de Jesús de la cruz. Nicodemo vio los ojos de Jesús entreabiertos y entonces gritó el himno trisagio por primera vez.
San Juan Damasceno, como ustedes saben, uno de los mayores maestros de la fe cristiana ortodoxa, y el mayor himnógrafo de la Iglesia, escribe en su libro III, capítulo 10, lo siguiente con respecto al himno del “Trisagio”: “… tenemos las palabras “Santo Dios” para referirnos al Padre, sin limitar el título de la divinidad sólo a Él, pero reconociendo también como Dios al Hijo y al Espíritu Santo; y las palabras “Santo Fuerte” atribuimos al Hijo, sin eliminar al Padre y al Espíritu Santo de la fuerza; y las palabras “Santo Inmortal” atribuimos al Espíritu Santo, sin privar al Padre y al Hijo de la inmortalidad. Porque, en efecto, se aplica todos los nombres divinos, simplemente y sin condiciones a imitación de las palabras del Apóstol. Y seguimos a Gregorio el Teólogo, cuando dice: “Pero para nosotros no hay sino un solo Dios, el Padre, de quien son todas las cosas, y un solo Señor Jesucristo, por quien son todas las cosas, y un Espíritu Santo, en quien son todas las cosas. Por las palabras “de quién”, “por quien” y “en quien” no dividimos la naturaleza (ya que ni las preposiciones ni el orden de los nombres se puede cambiar), sino que caracterizamos las propiedades de una sola naturaleza sin confusión”.
Con el canto de este himno en la Liturgia, la congregación y las huestes celestiales se unen en alabanzas a nuestro Trino Dios. Según el profeta Isaías este himno es cantado por los ángeles en los cielos en todo momento y cada vez que lo cantan todo se llena de la gloria de Dios. A esto se debe que el Sacerdote en este momento inciensa todo el Santuario, el templo, los íconos y a los fieles, llenando todo el templo con la rica fragancia del incienso y recordando a los fieles que cuando los ángeles cantan el himno Trisagio en el cielo, todo se llena de la gloria de Dios.
Mientras cantamos este antiguo himno, el sacerdote dice esto en su oración: “Oh Dios Santo, Tú que reposas en el Santuario; Tú que eres alabado por los Serafines que Te cantan tres veces “Santo”, glorificado por los Querubines y adorado por todas las potestades celestiales; Tú que has sacado todas las cosas de la nada a la existencia, y has creado al hombre a Tu imagen y semejanza, y lo has adornado con todos Tus dones; Tú que das, al que Te lo pide, sabiduría y entendimiento, y no desprecias al pecador, sino que instituiste el arrepentimiento para la salvación; Tú que nos has hecho dignos, a nosotros Tus humildes e indignos siervos, de estar parados, en esta hora, ante la gloria de Tu santo altar, y de ofrecerte la adoración y la glorificación que Te son debidas; Tú mismo, Soberano, acepta también de nuestra boca de pecadores, el himno del Trisagio y visítanos con Tu bondad; perdónanos todas las transgresiones voluntarias e involuntarias; santifica nuestras almas y nuestros cuerpos; y concédenos que Te adoremos, con piedad, todos los días de nuestra vida, por las intercesiones de la Santa Madre de Dios y de todos los santos que Te han complacido desde los siglos”.

Continúa la semana próxima

Retiro Espiritual de Jóvenes Ortodoxos en Santiago

Del miércoles 25 al domingo 29 y del martes 31 de enero al viernes 3 de febrero distintos jóvenes de nuestra Iglesia se reunirán en el Encuentro Nacional Santiago 2011 a desarrollarse en la ciudad de Termas de Rio Hondo de dicha provincia, para vivir días de retiro espiritual, de fraternidad y de amistad. 80 jóvenes participarán de los encuentros que tendrán por lemas “Yo estoy a la puerta y llamo” para los mayores y “En el camino de Emaús” para los menores. Los encuentros contarán con la presencia de Monseñor Siluan y de algunos sacerdotes de nuestra Iglesia. Pedimos a todos los fieles sus oraciones para que estos días sean de bendición para toda nuestra juventud.

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